Principal
¿Quiénes somos?
Comités
Actividades
Proyectos
Participa
Documentos
Enlaces
Contacta
Coming?



Número 22 (18 de Enero de 2.008)

Corazones Ectópicos

Imagina dos personas sentadas en cualquier lugar, mirando hacia cualquier parte, sin ver nada en realidad, no importa el día, ni quienes son ellos. Eso sí, en silencio.

- Estás muy pensativo, ¿qué te pasa?
-
Nada, solo… que pensaba algo.
-
¿Y se puede saber qué es lo que te hace estar en otro mundo en lugar de aquí entre mis brazos?
-
En lo mucho que me costó saber dónde estaba el corazón.
-
¿Cómo? No te entiendo…
-
Ahora sé que el corazón está a nuestra izquierda, pero hace unos años me tenía que parar a pensarlo, como cuando te quedas pensando cuál es tu mano derecha. ¿Sabes desde cuándo lo sé? Lo sé desde que me lo rompieron y sentí su dolor. Sentí cómo se iba resquebrajando, como el hielo. Casi en silencio. Esa fue mi respuesta, el silencio, para poder aislar su tenue ruido. Y pude oír el silencio y mi vida se tornó en silencio.

Quedó un trozo grande en el mismo lugar, pero muchos otros se separaron y viajaron por todo mi cuerpo, manifestándose de diversas formas.

Algunos, los más pequeños, fueron capaces de llegar a la sangre y desde ahí fueron a poblar mi cabeza, donde se unieron a mis neuronas y crearon varios efectos: en forma de preguntas, un “¿por qué?”, algún “¿dónde estás?”, otros, en forma de pensamiento, un “sin ti no puedo”, miles “te quieros”, y otros más también poblaron mi voluntad y mis sueños. La mayoría de los que quedaron allá arriba se unieron a mis recuerdos y los volvieron dolorosos.

Otros trocitos, se quedaron un poco más abajo, y salieron de mí en forma de lágrimas. Éstas habían perdido su color, eran transparentes, porque ya no tenían alma, como yo tampoco.

Muchos quedaron alojados en los músculos de la cara, y no me permitían sonreír porque me dolía. Dolían demasiado. Como los otros que invadieron el resto de los músculos, y por eso evitaba moverme.

Y así se fueron apoderando de mi ser. Hicieron, los que llegaron al estómago, que nunca quisiera comer, que no me acordara, porque ellos ocuparon el lugar natural del alimento, los de los pulmones me cortaban la respiración y no sentía el aliento del mundo, los de los ojos me cegaban y sólo podía ver la imagen del momento en que comenzó todo, los de los oídos me hacían escuchar sin parar las palabras que los originaron, las de la ruptura; los que quedaron junto a mi piel me hacían sentir un roce cariñoso pero que, sin embargo, al igual que los recuerdos, ahora dolía al hacerse presente.

El mayor de todos, el que quedó en el pecho, dejó de funcionar y dejé de sentirlo. Estaba frío el tacto, no se movía, no tenía ningún sentido. Se estaba atrofiando.

Y todos ellos estaban conectados entre sí, y cuando se activaban unos, hacían que el resto se activara después y que recordara, que dejara de moverme, de respirar, de sentir otra cosa que no fuese dolor. Y salían en forma de lágrimas que caían al suelo, donde se perdían para no volver a mí.

Afortunadamente no se perdieron definitivamente. Quedaron en el camino y tú los pudiste encontrar. Y me los devolviste, pero ya estaban sanos. Tu risa hizo que los de mi cara cayeran y me dejaron sonreír a tu lado. Tu presencia alejó los de mis ojos. Tus manos se llevaron los de la piel y ya no me dolían las caricias. Volví a respirar el aliento del mundo, tu aliento. Tus palabras ayudaron a que se fueran de mis oídos y desactivaron los de mi mente. Ya me muevo, y recuerdo sin dolor, no caen más lágrimas, porque ya no hay motivos.

- Pero aún falta uno: el mayor… ¿Qué pasó con él?
-
Ese, ese es el mejor. Fueron tus besos los que lo devolvieron a la vida. Ahora ya funciona, ya late por sí solo. Recordó para qué servía, y vuelve a crecer, sano y fuerte. Ya no queda ninguna señal en él de que un día se rompió.
-
¿Y por qué estabas en silencio ahora?
-
Ahora estaba en sintiendo todas esas sensaciones a la vez. Y volví a sentir que lo tengo a la izquierda. El corazón a la izquierda y a ti abrazándome fuerte.

Cristina Mateos Montes
Tercer Curso


¿Qué es el Plan Bolonia?

Como ya sabéis, este plan sigue unas directrices Europeas que se establecieron hace ya unos años (en 2001) en Bolonia. Supongo que la mayoría de vosotros estáis informados sobre las ventajas de este proyecto que ya ha empezado a implantarse en España y la Unión Europea: uniformidad de los títulos a nivel Europeo, créditos ECTS, facilidad de intercambio entre universidades de la Unión Europea, etc.

Todo esto suscita aprobación en casi todos, pero una vez que empezamos a indagar un poco, las cosas se tornan de un color más turbio.

En la actualidad, el gobierno y la mayoría de las instituciones universitarias están dando a conocer sólo una parte del plan Bolonia, es decir, la que conoce casi todo el mundo. Sólo hay que observar el póster a todo color (rojo), "I love Plan Bolonia", en la entrada de la Facultad.  

Pero la financiación, la calidad de la enseñanza, y el aumento en el precio de las matrículas no se menciona.

Muchos de nosotros, y me refiero a los estudiantes de medicina, conocemos el precio de la matrícula en nuestra facultad, unos 1000 Euros. Pero lo que desconoce la mayoría de los estudiantes de medicina del nuevo plan (2002) es que ¡la matrícula subió de un año para otro alrededor del 70%! Por ponerlo más claro, los alumnos que ahora están preparando el MIR pagaban una matrícula de unos 600 Euros y los que ahora cursan el sexto curso pagan 1000 Euros.  

Y si preguntáis a colegas del plan antiguo, os dirán que tenían más horas de clase y más prácticas que las que nosotros tenemos en la actualidad. Vamos, que pagamos MÁS pero recibimos MENOS.

Esto está directamente relacionado con el Plan Bolonia. Recordad que las directrices del plan Bolonia se establecieron en 2001.

Pero vayamos por pasos.

¿Qué  hay de la calidad de la enseñanza? En España, la mayoría de las licenciaturas se cursaban en 5 años. Cada año se pagaba una matrícula, que en la actualidad es de unos 700 Euros de media. Ahora, muchas de las licenciaturas se cursan en 4 años. Es decir, que los universitarios reciben un año menos de formación gracias a las reformas relacionadas con el nuevo espacio europeo. Un año menos de gastos para el ministerio de educación. ¿Es eso una mejora en la enseñanza superior?

Además se quiere reducir el aporte de la enseñanza teórica a favor de una enseñanza "activa" del alumnado. En otras palabras, el alumno tiene que preparar un trabajo y exponerlo en clase. El profesor irá perdiendo ese rol activo (en mi opinión la esencia de la enseñanza) de enseñar a sus alumnos.  Ahora los alumnos se dedicarán a buscar información por Internet.

También se quiere incrementar la enseñanza práctica (en laboratorio, prácticas en hospitales...) pero como ya estamos experimentando, la financiación no sigue, y acabamos teniendo menos teoría y menos prácticas a la vez.

¿Y la ingerencia privada en la enseñanza superior? Aquí también podemos hablar del presente y no especular sobre el futuro. Como ya sabéis, todos nosotros estamos obligados a poseer un carné universitario patrocinado por el Banco Santander. Un banco que tiene en su base de datos, nuestros datos personales, incluyendo como no, la titulación que estamos cursando sin que podamos hacer nada al respecto. Ni qué decir de los problemas que hemos tenido con el carné. Todavía hay alumnos paseando las tasas de un lado para otro gracias a la ineficacia del mayor banco de España.

Esto no es más que el comienzo de lo que se avecina con la entrada de la empresa privada en el ámbito de la universidad pública: decisiones arbitrarias sobre investigaciones, planes de estudio y un largo etcétera.

¿Y las matrículas? Como ya he comentado, estas aumentaron un 70% en 2002 para los estudiantes de medicina. Pero el nuevo espacio europeo quiere transformar los planes de estudio de manera radical. En lugar de tener licenciaturas de 5 años, tendremos 3 años de grado más 2 de Master (con la excepción de las carreras de medicina y arquitectura). Pero lo que no se dice es que los Másters tendrán una tarifa más elevada. En la actualidad se habla de 1400/año. Es decir, el doble de la matrícula actual media para cualquier año de licenciatura. Además, ¡las plazas de Master serán limitadas!

Este modelo es una copia del modelo anglosajón, en el que el grado tiene un precio más o menos homogéneo, y el master un precio libre que puede aplicar la universidad que lo distribuye además de establecer un límite de plazas.

 También quieren eliminar las becas de toda la vida por "préstamos-beca" que habrá que devolver al acabar la carrera (con ciertas condiciones). Esto significa que tendremos una especie de hipoteca, y no una beca del Estado como se venía haciendo (modestamente) hasta ahora.

¿Y qué decir de la supuesta mayor movilidad? Según un estudio de la asociaciones nacionales  de estudiantes europeos (National Unions of Students in Europe), la reforma de los grados-master ha tenido como consecuencia el efecto inverso. Ahora las universidades pueden proponer sus propios grados sin un patrón nacional de grados y calificaciones que pueda garantizar la calidad de los diplomas. Y ponen como ejemplo, a   dos estudiantes matriculados en matemáticas en dos universidades diferentes (¡del mismo país!) que no tienen las mismas asignaturas, ni el mismo nombre para el título, ni la misma calificación, etc. Como no existen las regulaciones a nivel nacional que existían antes, ya no hay coherencia entre los grados propuestos. Las principales consecuencias de esto, es que la movilidad entre dos universidades es ahora más complicada que con los planes antiguos además de romper esa igualdad formal que existía entre las dos titulaciones. Muchos de los estudiantes SENECA tienen la misma experiencia en España.

Resumiendo: Nos quitan horas teóricas, tenemos menos prácticas, pagamos más por las matrículas, nos obligan a "donar" nuestros datos personales a bancos, nos quitan las becas y nos dan préstamos, nos quitan titulaciones (Historia del Arte, Filologías, carreras técnicas...), y encima de todo esto, la empresa privada tiene cada vez más voz en la elaboración de los planes de estudio.  

Qué duda cabe, que el proceso de Bolonia tiene mucho a su favor, al menos en su retórica, pero lo esencial es lo que se aplica y no lo que se dice.

Como bien dice el último informe sobre las tendencias de la implementación del plan Bolonia (European University Association), -el "objetivo social" del proceso de Bolonia es asegurar el acceso igualitario a los estudios universitarios para todos...-

Pero la realidad es otra bien diferente. Los diferentes gobiernos que han pasado por aquí han ido reduciendo sistemáticamente el gasto público en educación con respecto al PIB. En 1993 era del 4,9% para bajar al 4,25% en 2004 (datos de eurostat). Actualmente de los 27 países que componen la Unión Europea, sólo Eslovaquia, Rumania, Grecia y Luxemburgo (por razones obvias) dedican menos que España al gasto público en educación.

Para más inri, la comunidad educativa considera necesario un aumento de hasta el 6% o 7% del PIB para que España abandone el furgón de cola en materia educativa. Sí señor@s , ¡nuestros gobernantes nos alejan de la media europea!

En lo que se refiere a la enseñanza superior, y aunque durante los últimos años se ha incrementado el gasto público en la enseñanza universitaria, este es el país de la UE que menos aporta a la enseñanza superior, sólo por detrás de Eslovaquia, República Checa e Italia.

¿No pensáis que habría que difundir esta información para que los estudiantes podamos tener una visión más crítica?

Un saludo.

Alejandro Fernández Debouchaud
Tercer Curso


"Lo malo de cumplir un sueño es que te quedas sin él"

Hace aproximadamente dos semanas, mientras andaba yo curioseando por Internet, leí una frase que afirmaba la pérdida de un sueño al cumplirse.

¿En realidad lo creéis así? Sin darme cuenta mi cabeza comenzó a darle vueltas una y otra vez, esa idea no dejaba de revolotear por mi subconsciente...

Una de las primeras cosas que te preguntas cuando tomas una decisión es sobre la posibilidad de caerte; si me caigo, ¿volveré a levantarme?; si puedo hacer realidad mi sueño, ¿perderé la ilusión?, ¿vendrá otro sueño?...

¿Acaso Disney no soñó con un mundo?, ¿acaso se mantuvo inmóvil por miedo a perderlo? Intentó proyectar ese mundo soñado y lo tuvo más vivo que nunca, e incluso consiguió introducirlo en las ilusiones de multitud de niños. ¿Acaso no puedo yo intentar proyectar mi soñado futuro?

Después de llevar un tiempo en esta facultad, me siento con capacidad para responderme a aquellas preguntas que me hacía sentada frente al ordenador y que me parecían retóricas. Hoy puedo decir que comienzo a ver mi sueño camino de la realidad y, que no sólo no lo he perdido, sino que ha crecido, ha arrastrado consigo el nacimiento de incontables ilusiones a modo de neoplasia, ilusiones que a medida que pasan los días se van alimentando de todos los pensamientos anteriores y que, espero, nunca mueran.

María Soriano
Primer Curso


Carta a los Estudiantes de Medicina

Queridos amigos y amigas de Alveolo:

Solo unas palabras para trasmitiros mi más sincero agradecimiento por vuestro apoyo en las pasadas elecciones a Rector. Lo he hecho personalmente con muchos de vosotros pero quiero también hacerlo a través de ALVEOLO para intentar llegar a todos. Vuestro apoyo tras tantos años de trabajo y dedicación a la Facultad supone para mí un estímulo extraordinario no solo para seguir trabajando en la docencia y en la investigación con mucho más entusiasmo sino, sobre todo, para seguir creyendo en los mismos ideales que me llevaron a dedicarme, cuando tenía vuestra edad, tanto a la medicina como a la vida universitaria. Estoy seguro de que esta experiencia de participación electoral activa que habéis vivido os podrá valer en el futuro para comprender que en la vida siempre será mejor luchar y soñar, aunque perdamos, que abandonar y rendirse por adelantado. Quiero que sepáis que estoy a vuestra total disposición para lo que podáis necesitar de mí. Por cierto ¡Mucha suerte en los exámenes y, por supuesto, a luchar y a no rendirse de antemano!

Un fuerte abrazo para todos.

Antonio Campos



Las elecciones a Rector y la tala de árboles

Mañana día 12 de Diciembre se celebra la segunda vuelta de las elecciones a rector. Pocos minutos después de levantarme da vueltas en mi interior una pregunta, ¿Qué voto?

Rápidamente surgen en mi cabeza  algunas ideas que quedan condensadas en el título: “La elecciones a rector y la tala de árboles”. En él se resumen los sentimientos que en mi aparecieron tras observar los resultados de la primera vuelta. ¿De qué sirvió mi voto? 

Gracias al sistema de ponderación de voto establecido en la universidad, el voto del estudiante cuenta poco o nada. Con los resultados en la mano, es fácil deducir que la decisión final recae en manos del profesorado. De ahí que exagerando como buen andaluz llegue a la conclusión de que el voto del estudiante sirvió para poco más que para gastar papel y fomentar la “tala de árboles”. En definitiva unos cuantos kilos de papeletas con una cruz aquí o allá.

Este sistema de ponderación en el que al profesorado le corresponde un 51% se justifica por algunos argumentos que vengo escuchando con motivo del proceso electoral.

Por un lado, se dice que los profesores saben más que el alumnado sobre el funcionamiento de la universidad; es decir, conocen más a fondo como funciona, sus necesidades y en definitiva cual es el rector que más favorece a ésta. Además, se argumenta que el profesorado ha de estar en la universidad de por vida y por tanto el camino que esta institución tome le influye profundamente.

Dando por válidos estas razones me pregunto una cosa, ¿y el  P.A.S? ¿Por qué no se le aplican a este colectivo esos mismos argumentos? ¿Acaso ellos no conocen también las necesidades de la universidad? ¿Acaso no van a ser miembros de la universidad durante muchos años, al igual que el profesorado? En este sentido, no entiendo como se sostiene el 12% que pondera su voto.

También me planteo otra cuestión. Quizás sea verdad que el profesorado está más involucrado en la vida universitaria, pero también está más influido por intereses personales.

El resultado de unas elecciones a rector tiene consecuencias que van más allá del interés universitario. Hablo de dotaciones económicas a departamentos, proyectos de investigación, cargos de responsabilidad, plazas de profesores titulares que dependen en cierta medida del resultado de este proceso. La decisiones que se toman en relación a estos temas dependen, en ocasiones, de quién está sentado en el sillón así como de los más variopintos afectos personales. No olvidemos por tanto, que todos estos asuntos influyen en el sentido del voto del profesorado, ese  colectivo  cualificado y conocedor de las necesidades de la universidad…ese 51%.

Sin embargo, hay otro colectivo que no es inocente: los estudiantes. El grado de implicación de los estudiantes en la vida universitaria es, generalizando, bajo. Sin duda, resultados como éste favorecen algo que de por sí ya está presente en éstos: La desilusión, la desgana, la apatía.

En este sentido me planteo una reflexión: ¿los estudiantes participamos poco porque se nos tiene poco en cuenta o por otro lado se nos tiene poco en cuenta porque nuestra implicación es baja? No sé la respuesta, lo que sí tengo claro es que es responsabilidad de todos que el alumnado se implique mucho más en la vida universitaria.

Los estudiantes, pienso, somos los que damos sentido a la universidad, somos el por qué de su existencia.

El fin primero de la universidad, no es la investigación ni dar trabajo al profesorado y P.A.S. Su fin es formar en sentido amplísimo a los estudiantes, los adultos de la sociedad venidera. A veces siento que la universidad se reduce a una institución que estandariza unos mecanismos de almacenamiento de información por parte del alumnado y que evalúa cómo se ha producido este almacenamiento. Sin duda, una universidad reducida a esto es una universidad herida de muerte.

Parte de culpa recae sobre nosotros, los estudiantes. En general, no aprovechamos los mecanismos de representación estudiantil que se nos ofrecen. Y esto es imperdonable. Hemos de implicarnos en la universidad, sentirla nuestra, sentirnos en ella, protagonistas en el reparto.

Por otro lado, me planteo hasta qué punto estos hechos trascienden de la vida universitaria. Los alumnos que en las pasadas elecciones participamos con un escaso 20%, en un corto periodo de tiempo seremos los adultos de nuestra sociedad. ¿Qué ocurrirá cuando tengamos que votar elecciones generales? Si sentimos lejos la universidad, ¿donde quedará el parlamento de nuestro país? en Júpiter. Esta costumbre que estamos tomando consistente en un cómodo: “que decidan por mí” da un poco de miedo,  aun más teniendo en cuenta la categoría de la clase política que habita este país.

En fin, ven cómo partiendo de unas elecciones he hablado de lo humano y de lo divino (bueno, de esto último creo que no).  Así por lo menos, aquellos kilos de papeletas de los que hablaba al principio de estas frases han servido de algo: me han hecho pensar. Sin duda, volveré a votar mañana, a ver de qué sirven los nuevos kilos…

Por último comprendo y espero que algunos no estén de acuerdo con estas líneas. Es normal, es  sólo una opinión: la mía. Y además, como toda opinión, es subjetiva y nace vinculada al error.

Si esta mañana hubiera deseado que mis pensamientos caminaran por la senda de la objetividad y la corrección, no hubiera escrito este artículo, me hubiera dedicado a estudiar el tema de patología general que tenía programado, estenosis aórtica.

Jesús Barea Mendoza
Tercer Curso


El viejo árbol

El viento soplaba con ternura acariciando las hojas del bello y viejo árbol. Sus ramas bailaban al ritmo de los silbidos que nacían entre los labios de la naturaleza, elevándose a grandes alturas, observando así el apacible paisaje que se extendía a su alrededor. El sol calentaba su interior, haciendo brotar flores que lucían elegantes vestidos de llamativos colores vivos y agradables, atrayendo a cualquier ser que pasease por la zona.
Sin poder contener su alegría, el viejo árbol lanzó semillas a la desnuda y celosa tierra que lo sustentaba. El cielo, emocionado, dejó caer unas silenciosas lágrimas que complacieron a la oscura y serena tierra. Ésta, animada, ayudó a las recientes e inexpertas semillas a descubrir el suave y hermoso, aunque a menudo injusto y calamitoso, "mundo exterior".

Brotaron nuevas ramas del suelo con el paso del tiempo. Se asomaban con cuidado, protegidas bajo las sombras del voluptuoso y hábil árbol que ya conocía los azotes del mundo, adormecidos en su seno cual recién nacido entre los brazos de su madre.

El viejo árbol extendía sus fuertes raíces a grandes profundidades, anclándolas en la base de la existencia. Acariciaban y nutrían a las limitadas y minúsculas raíces de sus vástagos. Estos descendientes se acostumbraron paulatinamente al ambiente que les rodeaba, bajo los cuidados y consejos de su progenitor.
Los jóvenes árboles crecieron gracias a que eran capaces de compartir lo que la naturaleza les ofrecía. A la vez desarrollaron sus raíces, su "mundo interior", de forma extraordinaria. Se hicieron conscientes de su existencia y se abrazaban entre ellos y con su creador bajo tierra, por medio de sus raíces discretas, ocultándose del tiempo.
Pasaron muchas estaciones: sufrieron heladas y frío, se refugiaron en el calor y resistieron los fuertes vientos.

Llegó un día en que el viento cesó. El gran árbol se sentía sin fuerzas, viejo y apagado. Alcanzó tal altura que los rayos del sol quemaron sus curiosas hojas. Sus lamentos flotaban en el aire, como cenizas que se entregan al viento, posándose sobre las esperanzas de los demás seres. Sus relucientes y brillantes hojas se secaron, adoptando un color triste pero natural, entregándose cada una de ellas a sus hijos, como recuerdo de su amor. Cayeron en silencio, dejándose llevar por la fuerza natural de la gravedad... inevitable.
Los demás árboles acariciaron con ternura y respeto estas memorias que su maestro les escribía en el viento, deplorando al mismo tiempo por ver cómo su ser más querido se entregaba al vacío. Silencio.

Su olor, como el eterno éter del espacio, permaneció en ese mar de lágrimas, atrayendo y resucitando las fuerzas de la naturaleza que mantendrán con vida a sus infaustos e infelices hijos.
Pero el viejo árbol no abandonó ese mundo por completo, ya que sus raíces permanecieron para siempre sepultadas bajo tierra, abrazando aún a sus hijos, como recuerdo y refugio para éstos cuando el mundo exterior cambiase repentinamente para mal. Era un escondite que les servía para ocultarse de las sombras del ciclo vital.
Así, los ahora grandes árboles, podían recurrir a su "mundo interior" de vez en cuando para aflojar las penas que a menudo el "mundo exterior" les entregaba forzosamente...

Mounir Diouri
Tercer Curso

 
 
 
© 2003, 2008 | IFMSA-Granada | Webmaster: David González Quevedo |