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Número 21 (20 de Diciembre de 2.007)

Aquellos príncipes que resultaron ser ranas

Calificar de agridulce la campaña de elecciones a rector sería excederse en dulzura, más bien deja un sabor que roza la amargura y la acidez. Lo que comenzaba como una apertura al alumnado de las puertas de la Universidad, en el sentido más amplio de la expresión, ha acabado siendo un bonito escarmiento y una lección que aprender de cara a las próximas elecciones a rector.

“Nadie vale más que nadie” podría ser la conclusión, ya que en el momento final todo se destapa. Todos ansían lo mismo, control y poder. Todos entienden al alumnado como un colectivo mayoritario (y sin embargo con capacidad de decisión limitada) al que se trata de contentar y engatusar, una mayoría a la que ofrecer el cielo aún siendo perfectamente conscientes de la inviabilidad de gran parte de las propuestas.

Desilusión, chasco e impotencia ante las continuas estrategias sucias que se han adoptado durante la campaña: desde la siembra de bulos y mentiras a las campañas agresivas y los intentos vergonzosos de compra de votos, pasando por el reciente tráfico y mercadeo de puestos de poder a cambio de apoyos de última hora.

Finalmente, destaca la paupérrima sensación de unión que la Universidad ha dejado tras de sí. Tanto alumnos como profesorado, enfrentados unos con otros como si de una guerra se tratase por cuestiones ideológicas o de conveniencia; volviendo así a caer en los más trillados errores de la historia.

Dentro de cuatro años llegará la oportunidad de mejorar; para entonces el alumnado deberá estar preparado para no caer en el juego sucio y para exigir y reclamar lo que por derecho le pertenece.

Juan Manuel Morales Moreno
Primer Curso


Pastoral Universitaria: Experiencia AKOR

La Pastoral Universitaria la componemos un grupo de jóvenes cristianos que tratamos de vivir nuestra Fe en la Comunidad Universitaria. A lo largo del curso académico organizamos varias actividades que nos permiten encontrar “un espacio de confianza” dentro de nuestra rutina del día a día.

Entre otras actividades, la gran novedad de este curso es sin duda la “Experiencia Akor”. Akor es el nombre que se da en la Biblia a un valle de desgracia que Dios convirtió en la Puerta de la Esperanza. Y se tituló así porque en la calle también encontramos una puerta a la esperanza. La experiencia consiste en reunirnos dos jueves al mes en la Plaza de la Universidad, para salir al encuentro del pobre, de aquellos que al caer la noche hacen de un montón de cartones sus camas o que convierten la estación de autobuses en un “Palacio 5 estrellas” donde resguardarse de las duras noches de frío de Granada. No llevamos nada, tan solo nuestro ofrecimiento, compañía y un ratito de conversación. A veces sales con la intención de ayudar y hacer algo por los demás y finalmente eres tú el ayudado. En el último encuentro que tuvimos, hablamos con un señor mayor que lleva años viviendo en la calle. Este hombre nos dio un consejo que nos hizo mucho pensar a los que allí estábamos. Nos dijo: “Aunque seáis jóvenes y viváis la vida con alegría y entusiasmo, hacedlo sin prisas, porque pasaréis tan rápido por ella que no podréis ver todas las tragedias que están a vuestro alrededor”. Y es que estas tragedias de las que nos hablaba no están tan lejos como solemos pensar, quizá tan solo a unos metros de tu casa, en un banco de un parque cercano…

Dentro de unos años seremos médicos, que es sin duda una profesión de amor y entrega a los demás, por lo que desde aquí os recomendamos e invitamos a compartir con nosotros esta experiencia.

Para lo que necesitéis no dudéis en poneros en contacto con nosotros a través de nuestras direcciones de correo electrónico o bien accediendo a la página Web de la Pastoral Universitaria: www.pastoraluniversitariagr.com.

Antonio Omiste Romero (Cuarto Curso)
omiste@pastoraluniversitariagr.com
Amalia Vázquez Ballesta (Cuarto Curso)
amalia@pastoraluniversitariagr.com
Ana Mª Lara Ramos (Quinto Curso)
analara@pastoraluniversitariagr.com


I Concurso de Artículos de Salud Pública e Investigación

Si eres estudiante de medicina y te interesan los temas de más actualidad de nuestro ámbito, ¡Participa!

La Federación Española de Asociaciones de estudiantes de Medicina para la cooperación internacional, IFMSA-Spain (www.ifmsa-spain.org ), convoca la primera edición del Concurso de Artículos de Salud Pública e Investigación.

Sólo tienes que inscribirte en http://www.ifmsa-spain.org/concurso;  preparar una revisión científica de un tema de salud pública (Efectos de mezclar alcohol y otras drogas, causas físicas/fisiológicas de la anorexia, alzheimer, etc) y mandarla a concursoensayos@ifmsa-spain.org antes del 30 de enero.

Los textos tienen que ser inéditos con un máximo de 5000 palabras de extensión y deben contener un aparato crítico (referencias bibliográficas), ya que deben basarse en proyectos de investigación sobre el tema elegido.

Pueden participar todos los estudiantes de medicina, optando a uno de los dos premios, consistentes en dos intercambios de un mes dentro del programa de IFMSA-spain, a los países: Italia y Brasil.

Comités de Salud Pública e Investigación (IFMSA-Granada)



El mejor regalo de Navidad

Era la tarde del 24 de Diciembre. El bullicio en las calles era tan inmenso como el excesivo juego de luces y adornos navideños que dotaban a los edificios de un aspecto ridículo. La gente caminaba de un lado para otro gastándose grandes fortunas en los últimos preparativos y regalos, sin dejar que sus ilusiones, puestas en aquella noche, se vieran congeladas a efectos de un aire gélido y cortante que recorría incansablemente las calles de la ciudad.

Desde una sucia acera situada al lado de un cajero automático, un pobre hombre se encontraba recostado sobre viejos cartones junto a su perro, observando esta escena que reproducía con tanta fidelidad el descontrolado consumismo de la época.

Aquel hombre no era un ángel de alas blancas de los que descansan en lo alto de los árboles de navidad; ni tampoco uno de estos padres que sale a la calle unas horas antes de Nochebuena, con los bolsillos llenos de tarjetas de crédito, dispuesto a dejarse varios días de trabajo en la compra del último modelo de videoconsola para su hijo. Era más bien uno de estos señores que con frecuencia observamos cuando vamos caminando, y que fingimos no ver por su aspecto sucio y desarropado, por miedo a prestar demasiado interés…Era de los pies a la cabeza, un marginado social. Un hombre al que su vida lo había llevado a ese triste presente. Mientras veía a los niños pasar, cogidos de la mano de sus padres y atiborrados de de prendas de ropa que sólo dejaban al descubierto una chispa de luz procedente de sus ojillos emocionados, recordaba también a su hija, aquella chiquilla feliz que se había convertido en la única razón de su existencia y que justo en ese día se cumplía el aniversario de su muerte .

Se había criado sin madre, ya que ésta, enferma como estaba, no resistió el parto, aunque apenas la cría lo notó, pues su padre en todo momento la colmó del más inmenso de los cariños. La niña creció feliz hasta que a los trece años, la muerte la sorprendió transformada en un coche conducido por un alcohólico. Desde aquel momento, la vida de nuestro vagabundo cambió radicalmente. Recibió la baja laboral por depresión, la cual nunca pudo superar, y a raíz de ello, fue abandonando progresivamente todo, hasta los deseos de vivir. Todo ello lo llevó a deambular por las calles junto a lo único que le quedaba de su hija (aparte de los recuerdos y lágrimas vertidas por ella a cada instante): su perro. Se lo había regalado cuando tan sólo era una cría. Pensando en todo esto, y a consecuencia del intenso frío, su cerebro comenzó a delirar, en forma de sueños; en éstos imaginaba como sería esa noche al lado de sus seres más queridos. Se encontraba en un lujoso salón. En la zona central reposaba una mesa cargada de platos variados y, a ambos lados de ésta, se situaban los dos únicos seres que habían conseguido llenar su vida de felicidad: su mujer y su hija. Ambas lo miraban con una mezcla de curiosidad y fantasía, a medida que se acercaban progresivamente hacia él con un movimiento lento y vaporoso, como si flotaran en el aire, como si volaran. Sus brazos se extendían con el fin de poder abrazarlo…y tras recibir el más valioso de ellos, el hombre observaba como su hija se le acercaba al oído, para susurrarle al  alma unas palabras: “Éste es tu regalo... ¡Feliz Navidad!

En esos momentos el hombre dejó de sentir bajo su piel el frío suelo de la calle, y dejó todo aquel sufrimiento que había estado martirizándolo durante tanto tiempo. Cada vez, su sueño adquiría mayor profundidad y realismo. El dolor estaba dejando paso a una repentina sensación de bienestar…por su mente y su cuerpo sólo fluían las palabras más bellas jamás oídas y pronunciadas por el nítido recuerdo de su hija: ¡Feliz Navidad!...Sin duda, uno de los mejores regalos que había recibido en toda su vida…

José Terrón Barroso
Tercer Curso


Test de sabiduría para personas humanas

¿Sabías que hay personas humanas que asisten a cursos/jornadas a pasar apuntes o a leer el periódico? ¿Sabías que hay otras “interesadas de verdad” en estos cursos/jornadas que se quedan sin plazas porque siempre hay un límite de inscripciones?

¿Sabías que los ordenadores del Aula de informática contienen virus (bichos, ¡ole la Micro!) raros?

Bueno, si no sabías lo anterior, ¿sabías que, cuando haces cola para secretaría, metiéndote en la fila de “entrega de fichas” aunque sea para hacer la matrícula, tardas menos tiempo en hacer el papeleo (de la matrícula)? ¿Y sabías que a la gente que está en la fila de “matrículas” no le importa que la adelantes?

¿Sabías que si un día te dejas el estuche en tu clase, al día siguiente ya no hay manera de encontrarlo ni en la conserjería? Tu estuche de toda la vida perdido para siempre, porque tiene pies propios y ha decidido iniciar nuevas aventuras…

¿Sabías que la asignatura de libre configuración de “Inglés Médico” existe porque un grupo de personas insistió en que hacía falta eso?

¿Sabías que todavía existen profesores de esta Facultad que luchan contra el “powerpointización” de las clases? ¿Y sabías que hay profesores que no son capaces de dar ninguna clase sin el ordenador de intermediario?

Pongamos que hasta aquí no sabíamos nada, entonces ¿sabías que cuando se regala ketchup o mostaza con la Gaceta Universitaria, las salsas se agotan 50 veces más deprisa que los periódicos, que de hecho se quedan ahí dos semanas más, hasta el próximo número? ¿Sabías que en los supermercados se venden estas salsas pero los periódicos no?

¿Sabías que había cuatro candidatos al rector cuando fuiste a votar en la primera vuelta?

¿Sabías que hay un montón de tablones de anuncios donde se anuncian cosas, muchas de ellas interesantes y que a la mayoría de la gente no le interesa ninguna? ¿Sabías el porqué?

¿Sabías que hay un contenedor para cada tipo de desecho? ¿Y sabías que estos contenedores están en un sitio público de la facultad?

Y esta va para nota: ¿sabías que los cambios se logran si “piensas en global y actúa en local” y si te pones a ello de verdad?

¿Sabías que hay muchos más “saberes” que contar?

Canxing Liu
Tercer Curso



Celebrar la Navidad

Se acerca la Navidad otro año más. Y, cómo siempre, no faltan las voces que critican esta celebración, ya sea por su trasfondo religioso o por la vorágine consumista que, al amparo de las multinacionales, se hace control de las conciencias estos días. Por eso, creo que sería importante reflexionar acerca del origen de esta fiesta.

Ya el primitivo neandertal se daría cuenta de que los días se acortaban, que el Sol daba cada vez menos calor y que la tierra se volvía yerma. Como primer ser verdaderamente consciente de la realidad, pensó (no sin razón) que el Mundo se acababa, que llegaba a su fin. Así llegamos al 21 de diciembre (solsticio de invierno), cuando, para sorpresa de nuestro mono inteligente, no sólo no se acababa el mundo, sino que empezaba otra vez. Y con más fuerza; porque cada vez los días eran más largos, la nieve se derretía y las flores llenaban el páramo hasta entonces helado. No es de extrañar que pensase que esa noche el viejo Mundo se acababa y nacía otro. Este mensaje, preciosa metáfora de la vida, no por venir de este simio prehistórico deja de ser válido. El Mundo no se acaba, sino que muere y nace otra vez. No hemos de tener miedo ante el fin del Universo: formamos parte de una historia interminable. Todo en el Cosmos es un volver a empezar. No hay un fin, y, por lo tanto, no hay muerte. Así pues, la Navidad con mayúsculas tiene un significado trascendental: nos pone en contacto con la Eternidad, con la Infinitud.

Posteriormente, la cultura humana le fue dando forma a este sentimiento existencial tan cargado de alegría. Primero fueron los romanos y los celtas, con la fiesta del nacimiento del dios Sol. Siglos más tarde, la Iglesia, como en tantas otras ocasiones, cristianizó el mensaje. Y es lógico pensar que, con el devenir del tiempo, la fiesta que originariamente debiera celebrarse el 21 de diciembre pasase al día 25, fecha actual en la que celebramos el día de Navidad. Así pues, creo que queda demostrado que la Navidad no es una celebración cristiana, sino que pertenece a lo más profundo del corazón  humano, por lo que todos estamos llamados a celebrarla.

Es cierto que, en nuestros días, el consumismo que nos han vendido todas las grandes empresas  parece haberse adueñado del espíritu de la Navidad. Eso ha de hacernos reflexionar en cómo la celebramos, pero lo que no puede es hacernos olvidar la que es la fiesta más entrañable de todo el año. Por eso, y a pesar de lo que digan algunos intelectuales amargados, os invito a que celebréis por todo lo alto esta Navidad.

Feliz Navidad y Año Nuevo.

Rafael Martínez de la Ossa Sáenz-López
Cuarto Curso


El Santo Sudario

Estábamos colocándole el sudario; era la primera vez que lo hacía, con todo lo que ello conlleva… cuando de pronto veo como la tela se eleva, al colocarla sobre la boca del ya supuesto cadáver… un hálito de vida que se resistía a ser sellado, agonía muerta en vida, por el descuido, la ignorancia, la bestialidad de bestias con bata blanca… De pronto su cuello llama a mis ojos para mostrarme sus últimos abrazos a la vida, de despedida… ¡Ey! ¡Que está respirando! El susto que me llevé fue tremendo, sumándole el “respeto” que ya de por sí suponía para mí esta situación.

La orden había sido amortajar a la paciente, ya muerta, como me quedé cuando, como si de La Verónica y El Santo Sudario se tratase , esta máscara de exhalación se formaba “manifestándose” en la tela, quizás clamando un trato digno en los últimos momentos de su vida…Tal que así, y oportunamente comunicado, tuvimos que esperar, brazos en cruz, a que se derramara su última gota de vida (clínica y oficialmente muerta) cual velatorio al quicio de la puerta que separa la vida, de la muerte, delicada y subjetiva franja que nos rodeaba, sintiendo el estremecimiento por la caricia de la vida o el frío roce de la muerte. Entrecortado mi ánimo, fui consciente de que este recuerdo no pasaría a mejor vida , sino que me acompañaría eternamente en mi vida futura de enfermera…

 Así nos contaba Zoraida, de tercero de enfermería, entre la emoción y la indignación, como la perspectiva de su profesión había cambiado en los últimos tiempos, virando hacia un pesimismo, desilusión… o más bien el endurecimiento que tantas situaciones de falta de humanidad de muchos “¿profesionales de la medicina?” le habían provocado, pero también muchas ganas de luchar y cambiar las cosas, en una profesión que tanto le aporta. En ese largo paseo por las calles de Granada, nos contaba lo duro que había sido ese día, su desesperación en urgencias: un hombre con una hipoglucemia brutal esperaba y esperaba…ella iba y volvía a avisar a la médica, que siempre postergaba la actuación…ella se sentía impotente, sabía exactamente lo que necesitaba, pero necesitaba una y solo una cosa más: el permiso de la médica, porque ellos tienen la última palabra, y además a muchos médicos endiosados les sienta tan mal que les digan lo que hay que hacer…y no dudan en recriminarlo a los enfermer@s que se atreven a cruzar la frontera del sentido común, que para algunos es el menos común de los sentidos…

En estos tres años han encontrado médicos excepcionales, que les han acompañado y enseñado, con los que han aprendido una excepcional práctica médica y asistencial, son médicos de verdad, con todo el peso que esta forma de vida tiene, quizás  demasiado para algunos, que se quedan con un renombre sin hombre, porque es penoso y duro para enfermeras como ella el ver que los pacientes, se pasan todo el día preguntándoles ¿Cuándo llega el médico?: esa espera es para muchos su única y diaria esperanza, el motivo que les hace soportar a veces el dolor, o el simple hecho de estar “atados” a una cama, muchos sin familiares que les acompañen y el médico viene a ser su pequeño dios…un ser que a veces sale rana, y que al llegar ante su paciente paciente, no es capaz de dirigirle una palabra, de decirle lo que sea para tranquilizarlo, de explicarle un poco que le pasa…quizás de repetirle una vez más lo que ya le ha dicho tantas veces…una angustia que si no se alimenta puede con los pacientes…y con las enfermeras…La dura realidad para los enfermer@s es que a pesar de ser ellos los que tienen realmente un trato directo con el paciente, con los que llegan a establecer verdaderos vínculos afectivos por ambas partes ( muchas veces duramente cortados por la muerte), es la palabra del médico la que espera el paciente, su visita, ellos necesitan por lo menos sentirse atendidos por él…demasiado peso sobre algunos hombros, que lo dejan resbalar con desprecio…como el caso que vivió Zoraida hace unos días: uno de estos médicos “chulitos” llega  a la habitación y casi sin pasar de la puerta, con la mano en la barbilla, dice: “ bien…a ti te tengo controlado, a ti también…a ti estamos viendo a ver…muy bien” y se va; os podéis imaginar la cara con la que se quedaron los pacientes ante esta especie de “House postmoderno”.

Todo esto no es ficción y ese es el problema: vivimos tan aislados en el cascarón de la facultad o las prácticas de juguete,  que no sabemos lo que hay ahí fuera, lo que nos espera, y muchos se darán cuenta de que no es oro todo título que reluce, que hay situaciones en las que no te salva tu “caché” de estudiante de medicina ,ni mucho menos los apuntes de “Mario”…la muerte no es una caricatura de Pesadilla antes de Navidad, muy graciosa y chula de llevar en diversos complementos y variedades (así notarán que soy estudiante de medicina y que yo me permito jugar hasta con el desfasado y poderoso simbolismo de la muerte). La vida y la muerte serán dos cartas que dependerán de ti en la baraja del destino de muchas personas…notarás su aliento que espera a que te decidas a mover la pieza justa y necesaria, para que la enfermedad no haga “jaque mate”, proclamándose reina; es nuestra responsabilidad y no es un juego.

Muchos no están preparados para todas estas cosas, pero demasiado tarde es cuando se dan cuenta…Nos cuenta Zoraida como no pudo aguantar a una estudiante a la que en  una rotación su médico le enseñaba la Cándida que una mujer mayor, enferma terminal, tenía en su boca, a la vez que emitía unos incomprensibles sonidos…la estudiante no tuvo que decir ni una palabra: su cara de asco y desprecio a la paciente, eran tan evidentes que quemaban; ¿qué haces aquí si no sirves para esto? Sólo la enfermera supo lo que la mujer pedía: un vaso de agua.

Por último, estos días Zoraida no puede olvidar como será la cena de Navidad de una paciente suya, tan cerca todos los días del pollo de Nochebuena…hace poco en visitas ambulatorias tuvo que ir a cuidar las úlceras de una paciente: llegó a una casa-mansión: no estaba dentro de una telenovela de Miami, estaba en los Ogíjares: fue pasando lujosas entradas y grandes habitaciones…pero la sorpresa más grande fue el corral de gallinas que tuvo que atravesar para llegar al habitáculo en el hueco de una escalera donde tenían a la abuela, que ya ni hablaba; la mujer por la que ellos estaban en el mundo, pero por la que ni se habían preocupado en aprender a acostar en la cama de manera que no se hiciera úlceras...una nueva misa del gallo, un nuevo año, aún estás a tiempo…despierta, que ya es la hora, ya cantó el gallo.

Álvaro Vázquez Pérez
Tercer Curso

A Zoraida y todas las enfermeras
Gracias y ánimo, os necesitaremos para cambiar esto

 
 
 
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