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¿Más vale tarde que nunca?
¿Qué es lo peor que le puede pasar a “Alveolo” en un mes como
Febrero? Pues que entre el final de los exámenes, el día de los
enamorados o de “El Corte Inglés”, los Carnavales, el día de
Andalucía (sin olvidar, por supuesto el reciente referéndum) y
el pasarse por alguna revisión que otra... ¡¡se nos olvidó que
tan sólo tiene veintiocho días!!
En plena caída libre, cuesta abajo y sin frenos, cuando todo
parecía perdido... ¡Surge una idea! Se trata de escribir una
frase e ir pasándola de mano en mano para que cada uno continúe
la historia como su inspiración le dé a entender y así
sucesivamente hasta completar el espacio y sacarnos del apuro
(esto no había que imprimirlo...), al final, juntamos todas las
piezas del puzzle y obtenemos un artículo compuesto por muchas
personas, un Alveolo oxigenado, sin entrar por supuesto en
hiperventilación, que ya se sabe lo que pasa…
Esperamos que este experimento sea acogido con el cariño de
siempre por todos vosotros, a la vez esperamos cualquier crítica
(preferiblemente críticas constructivas) u opinión, sugerencias…
Ya que no olvides que ¡Alveolo lo haces tú!
Nos toca agradecer una vez más a todas las personas que nos
abrieron sus puertas cuando tocamos el timbre sabiendo que les
íbamos a meter en un lío sin salida. Sin llegar a ser el
Himalaya, construyeron con sus pequeños pero igualmente valiosos
granitos de arena una montaña, que sin duda alguna dejará huella
en la historia de Alveolo.
Las
Coordinadoras
Manos unidas, sí o no
No
me gusta sentarme en la última fila, ¡no veo nada!
Pero… ¿y lo a
gustito que se está? Ya ves,
las sillas están acolchadas, jeje…
Y tampoco me gusta que mi compañera de
clase bostece continuamente.
Si tiras palomitas, alguien tendrá
que recogerlas…
A no ser que por un instante no se cumpla
la ley de la gravedad y las palomitas vuelen hacia arriba, hacia
las nubes. Por cierto,
algunas clases son para pasárselas comiendo palomitas como en el
cine. Como si de una peli de ficción o pesadilla se tratara.
De hecho, el argumento está más currado, aunque los efectos
especiales dejen de desear.
En algunas clases preferiría sólo comer
palomitas y mientras ir creando mi propia película.
Buah,
¡basta ya de palomitas! Si lo que estamos haciendo es criticar
la calidad de las clases, vamos a hablar claro todos. Pero…
cuando me pongo a pensar en el porqué de esta calidad, me
tropiezo con una primera piedra: si creemos que algunos lo hacen
tan mal, ¿y nosotros? ¿estamos haciendo todo lo que deberíamos?
La verdad es que somos mayoría ¿no?
¿Cuántos profesores hay? ¿y alumnos? Deberíamos movernos,
¿sugerencias? ¿ideas?
¡Empezar por
procurar que no se sufra ningún año más de frío en las aulas!
O más bien, ¡vamos a intentar no pasar
calor! Pero eso no es lo más importante. Lo más importante es
que los profesores deberían plantearse llevarse bien entre ellos
para luego llevar bien sus clases. Porque francamente hay
departamentos que no funcionan y esas carencias las pagamos los
alumnos. También pienso que deberíamos plantearnos hacer algo
nosotros, pero ese es otro tema porque ¡mover a los alumnos de
Medicina es más difícil que movilizar a todo el país! ¡¡Me
parece que somos muy cómodos!!
Lo que pasa
es que parecemos islas que buscan la independencia (sí, sí, con
estatutos y esas cosas…) sin darnos cuenta de que todas formamos
un archipiélago!. Si nos uniéramos y saliéramos de nuestro
egoísmo, nos daríamos cuenta de que buscando el bien de los
demás encontraríamos el nuestro. El colaborar todos juntos está
en nuestras manos ¿Cuántos cursos más tienen que pasar para que
nos unamos?
Mentes inquietas, futuros médicos,
el tiempo no es algo que corre, sino que vuela, sí, sí, vuela
más que esa estrella fugaz que nos hará ese sueño realidad,
vuela más que ese pájaro huyendo de su depredador, vuela más que
ese avión que llevará a esos “frikis” de IFMSA-Spain a Australia
para celebrar la Asamblea General Internacional (GA), incluso
vuela más que ese famoso león que todos sabemos que está allí,
en la selva, segregando todas las adrenalinas que pueda para
conseguir su fin: comer a ese pobre ciervo inocente, que la
Naturaleza ha tenido la bondad de crearlo para que seamos una
familia más diversa, (interculturalidad, al fin y al cabo, eso
es lo que nos hace falta)…
Esperemos que
a partir de este momento, las cosas vayan mejor, mejor para ti,
mejor para mí, ¡Mejor para todos! Ojalá nuestras manos sean más
cálidas para acoger a todas aquellas que se nos extienden; ojalá
nuestros corazones laten más rápido cuando nos presenta la
Naturaleza sus caras más tristes y crueles; ojalá, sí, ojalá
podamos alguna vez abrazarnos todos, antes de que termine la
carrera, antes de que termine el curso, antes de que termine el
mes, antes de que termine la clase…, sí, antes, mucho antes,
ojalá.
Alba Antequera - Nabil Diouri -
Cristina García - Kawthar
Kassimi - Rosario
Leyva -
Canxing Liu -
Huaxing Liu -
José Martín Losilla - María Teresa Maroto - María del Rosario
Martos - María José Noguera - Teresa Pérez - Victoria Robles -
Miguel Roldán - Antonio Vázquez
Fábula Médica
Había una vez un pequeño castillo en
el centro de una idílica ciudad. Allí vivía un rey “desPeinado”
y su corte, aunque feliz, ansiaba cambios…
Algunos
de ellos trabajaban intensamente todo el día; otros, sin
embargo… Se cansaron de
hacer lo que era correcto y decidieron empezar a disfrutar
más de la vida y a guiarse más a menudo por lo que les
dictaba el corazón.
El
objetivo del rey era que los habitantes del lugar
aprendieran una nueva ciencia basada en una teoría llamada
“Plan 2002”. El método de trabajo consistía en que los
habitantes de la quinta planta del castillo superaran una
serie de batallas campales hasta obtener un número: 70.
Aquél 70 no equivalía a un 69 y
me llevo una sino que…
Además de librar estas duras
contiendas, si te descuidabas te colocaban una escoba y de
paso barrías el castillo…
Todos los habitantes del
castillo estaban ya mentalizados de tener que soportar
tantos combates y manejar todas las armas habidas y por
haber.
El reino
prosperaba, se respiraba cultura, pero el rey, ambicioso,
decidió ir más allá. Para ello, se rodeó de los que
consideró los mejores consejeros y delegó parte de su poder
en ellos, pasando así el reino a dividirse en lo que
llamaron “Departamentos”.
Al principio el nuevo régimen
funcionaba, pero poco a poco fue degenerando, ya que estos
departamentos comenzaron a pensar más en sus propios
intereses que en los del pueblo. Ya no importaba tanto la
ciencia, sino el resultado de las batallas y el número de
“medallitas” con las que condecorarse…
Los
soldados de la corte empezaron a creer que era normal luchar
siempre en primera línea de fuego, se acostumbraron a las
duras condiciones y aunque no era la función para la que
habían nacido, siempre estaban en pie de guerra.
Cumplidores, pero no
ignorantes, acababan su formación “científico-guerrera” y
como heroicos protagonistas de una revolución pacífica, iban
abandonando el reino para luchar en otros frentes, más allá
de las fronteras del castillo. Así, ejercían su ciencia en
el mundo adulto, en otros sistemas conocidos como
“Hospitales”, cuya organización tampoco estaba exenta de
problemas…
Aunque
decepcionados, eran idealistas, y nunca perdieron la
esperanza de que el reino se recondujera y volviera a sus
orígenes.
Y colorín colorado, esta
“fábula” no ha hecho más que empezar…
Ana
Expósito - Aisa Fornovi - Sara Galiano - Tania Gallart - C.
Rocío García - Carmen González - María González
Disfrutar con estar disfrutando de...
Qué
buen día hizo el sábado! Con sol y aire fresco. Ya empieza a
haber flores y ya podemos empezar a sentarnos en las terrazas.
Así, hablar
de muchos temas de sentido común y del futuro a corto, medio y
largo plazo; y disfrutar de los paisajes de la primavera de
Granada…
Esos paisajes que te enamoran, que
me enamoran tanto como la persona que tengo al lado. Desde la
terraza observamos los almendros, pioneros en florecer, entre
mil risas y conversaciones cruzadas. De repente sus ojos canela
se encuentran con los míos y surge una pregunta: ¿Quién eres?
Y, por suerte o por
desgracia, resulta que es alguien de tu clase y que… ¡¡has
tardado nada menos que seis añazos en conocerle!! Es triste,
¿verdad? Entonces comienzas esas reflexiones existenciales que
te suelen rondar en tu sexto año de carrera, como… ¡¿qué he
hecho yo en seis años?! Pero de repente miras al cielo y a los
árboles del patio y decides seguir con la conversación, pasar un
buen rato y ¡disfrutar de la primavera!
Seguir así disfrutando del poco
tiempo de carrera que te queda. Volver disfrutar con esas
prácticas clínicas que tanto esperabas en los primeros años,
volver a quedarte a comer en la cafetería, charlar con los
compañeros que menos hablas, seguir en definitiva teniendo esa
esperanza y alegría que tenías el primer año de carrera cuando
cruzaste por primera vez esas columnas que te dieron la
bienvenida al mundo de la Medicina. Ese mundo que tanto te
gusta, que tanto bien hace en nuestro planeta.
Casi sin
darnos cuenta, Medicina ya forma parte de nosotros, nosotros ya
formamos parte de Medicina.
Pero de repente me acordé de esa
frase que leí por allí: no sólo de Ciencia vive el hombre... Me
pregunto qué más cosas hacen los médicos en su tiempo libre, a
qué lo dedicamos los futuros médicos cuando salimos de las
clases, las prácticas, los exámenes… ¿Qué solemos hacer? ¿Qué
sabemos hacer?… ¿Realmente son ellos felices, aparte de ejercer
la profesión médica? ¿Realmente estamos disfrutando nosotros de
nuestra vida universitaria, de nuestros mejores años y etapas de
la vida?...
…No sé, me he
perdido… ¿Qué es disfrutar? ¿Hacer cosas que nos agradan;
sentirse uno bien física y sobre todo, psíquicamente? ¿Pasárselo
uno bien, estar tranquila y dedicarse a lo que le gusta?... No
sé, me he perdido… Disfrutar es, quizás: ¡¿pasar el tiempo y
hacer cosas guiado siempre por tu corazón, pero mandado por la
razón?!...No sé, me he perdido, me he perdido... Me he perdido
disfrutando de ese sábado no tan lejano, pero ya perdido… Me he
perdido…
Maripaz
Guerrero - Rachid Jebbar - Kawthar Kassimi - Huaxing Liu - María
del Rosario Martos - María José Noguera - Miguel Roldán
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