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Número 15 (5 de Marzo de 2.007)


¿Más vale tarde que nunca?

¿Qué es lo peor que le puede pasar a “Alveolo” en un mes como Febrero? Pues que entre el final de los exámenes, el día de los enamorados o de “El Corte Inglés”, los Carnavales, el día de Andalucía (sin olvidar, por supuesto el reciente referéndum) y el pasarse por alguna revisión que otra... ¡¡se nos olvidó que tan sólo tiene veintiocho días!!
En plena caída libre, cuesta abajo y sin frenos, cuando todo parecía perdido... ¡Surge una idea! Se trata de escribir una frase e ir pasándola de mano en mano para que cada uno continúe la historia como su inspiración le dé a entender y así sucesivamente hasta completar el espacio y sacarnos del apuro (esto no había que imprimirlo...), al final, juntamos todas las piezas del puzzle y obtenemos un artículo compuesto por muchas personas, un Alveolo oxigenado, sin entrar por supuesto en hiperventilación, que ya se sabe lo que pasa…
Esperamos que este experimento sea acogido con el cariño de siempre por todos vosotros, a la vez esperamos cualquier crítica (preferiblemente críticas constructivas) u opinión, sugerencias… Ya que no olvides que ¡Alveolo lo haces tú!
Nos toca agradecer una vez más a todas las personas que nos abrieron sus puertas cuando tocamos el timbre sabiendo que les íbamos a meter en un lío sin salida. Sin llegar a ser el Himalaya, construyeron con sus pequeños pero igualmente valiosos granitos de arena una montaña, que sin duda alguna dejará huella en la historia de Alveolo.

Las Coordinadoras


Manos unidas, sí o no

No me gusta sentarme en la última fila, ¡no veo nada! Pero… ¿y lo a gustito que se está? Ya ves, las sillas están acolchadas, jeje… Y tampoco me gusta que mi compañera de clase bostece continuamente.
Si tiras palomitas, alguien tendrá que recogerlas… A no ser que por un instante no se cumpla la ley de la gravedad y las palomitas vuelen hacia arriba, hacia las nubes. Por cierto, algunas clases son para pasárselas comiendo palomitas como en el cine. Como si de una peli de ficción o pesadilla se tratara. De hecho, el argumento está más currado, aunque los efectos especiales dejen de desear. En algunas clases preferiría sólo comer palomitas y mientras ir creando mi propia película.
Buah, ¡basta ya de palomitas! Si lo que estamos haciendo es criticar la calidad de las clases, vamos a hablar claro todos. Pero… cuando me pongo a pensar en el porqué de esta calidad, me tropiezo con una primera piedra: si creemos que algunos lo hacen tan mal, ¿y nosotros? ¿estamos haciendo todo lo que deberíamos? La verdad es que somos mayoría ¿no? ¿Cuántos profesores hay? ¿y alumnos? Deberíamos movernos, ¿sugerencias? ¿ideas?
¡Empezar por procurar que no se sufra ningún año más de frío en las aulas! O más bien, ¡vamos a intentar no pasar calor! Pero eso no es lo más importante. Lo más importante es que los profesores deberían plantearse llevarse bien entre ellos para luego llevar bien sus clases. Porque francamente hay departamentos que no funcionan y esas carencias las pagamos los alumnos. También pienso que deberíamos plantearnos hacer algo nosotros, pero ese es otro tema porque ¡mover a los alumnos de Medicina es más difícil que movilizar a todo el país! ¡¡Me parece que somos muy cómodos!!
Lo que pasa es que parecemos islas que buscan la independencia (sí, sí, con estatutos y esas cosas…) sin darnos cuenta de que todas formamos un archipiélago!. Si nos uniéramos y saliéramos de nuestro egoísmo, nos daríamos cuenta de que buscando el bien de los demás encontraríamos el nuestro. El colaborar todos juntos está en nuestras manos ¿Cuántos cursos más tienen que pasar para que nos unamos?
Mentes inquietas, futuros médicos, el tiempo no es algo que corre, sino que vuela, sí, sí, vuela más que esa estrella fugaz que nos hará ese sueño realidad, vuela más que ese pájaro huyendo de su depredador, vuela más que ese avión que llevará a esos “frikis” de IFMSA-Spain a Australia para celebrar la Asamblea General Internacional (GA), incluso vuela más que ese famoso león que todos sabemos que está allí, en la selva, segregando todas las adrenalinas que pueda para conseguir su fin: comer a ese pobre ciervo inocente, que la Naturaleza ha tenido la bondad de crearlo para que seamos una familia más diversa, (interculturalidad, al fin y al cabo, eso es lo que nos hace falta)…
Esperemos que a partir de este momento, las cosas vayan mejor, mejor para ti, mejor para mí, ¡Mejor para todos! Ojalá nuestras manos sean más cálidas para acoger a todas aquellas que se nos extienden; ojalá nuestros corazones laten más rápido cuando nos presenta la Naturaleza sus caras más tristes y crueles; ojalá, sí, ojalá podamos alguna vez abrazarnos todos, antes de que termine la carrera, antes de que termine el curso, antes de que termine el mes, antes de que termine la clase…, sí, antes, mucho antes, ojalá.

Alba Antequera - Nabil Diouri - Cristina García - Kawthar Kassimi - Rosario Leyva - Canxing Liu - Huaxing Liu - José Martín Losilla - María Teresa Maroto - María del Rosario Martos - María José Noguera - Teresa Pérez - Victoria Robles - Miguel Roldán - Antonio Vázquez  


Fábula Médica

Había una vez un pequeño castillo en el centro de una idílica ciudad. Allí vivía un rey “desPeinado” y su corte, aunque feliz, ansiaba cambios…
Algunos de ellos trabajaban intensamente todo el día; otros, sin embargo… Se cansaron de hacer lo que era correcto y decidieron empezar a disfrutar más de la vida y a guiarse más a menudo por lo que les dictaba el corazón.
El objetivo del rey era que los habitantes del lugar aprendieran una nueva ciencia basada en una teoría llamada “Plan 2002”. El método de trabajo consistía en que los habitantes de la quinta planta del castillo superaran una serie de batallas campales hasta obtener un número: 70.
Aquél 70 no equivalía a un 69 y me llevo una sino que… Además de librar estas duras contiendas, si te descuidabas te colocaban una escoba y de paso barrías el castillo…
Todos los habitantes del castillo estaban ya mentalizados de tener que soportar tantos combates y manejar todas las armas habidas y por haber.
El reino prosperaba, se respiraba cultura, pero el rey, ambicioso, decidió ir más allá. Para ello, se rodeó de los que consideró los mejores consejeros y delegó parte de su poder en ellos, pasando así el reino a dividirse en lo que llamaron “Departamentos”.
Al principio el nuevo régimen funcionaba, pero poco a poco fue degenerando, ya que estos departamentos comenzaron a pensar más en sus propios intereses que en los del pueblo. Ya no importaba tanto la ciencia, sino el resultado de las batallas y el número de “medallitas” con las que condecorarse…
Los soldados de la corte empezaron a creer que era normal luchar siempre en primera línea de fuego, se acostumbraron a las duras condiciones y aunque no era la función para la que habían nacido, siempre estaban en pie de guerra.
Cumplidores, pero no ignorantes, acababan su formación “científico-guerrera” y como heroicos protagonistas de una revolución pacífica, iban abandonando el reino para luchar en otros frentes, más allá de las fronteras del castillo. Así, ejercían su ciencia en el mundo adulto, en otros sistemas conocidos como “Hospitales”, cuya organización tampoco estaba exenta de problemas…
Aunque decepcionados, eran idealistas, y nunca perdieron la esperanza de que el reino se recondujera y volviera a sus orígenes.
Y colorín colorado, esta “fábula” no ha hecho más que empezar…

Ana Expósito - Aisa Fornovi - Sara Galiano - Tania Gallart - C. Rocío García - Carmen González - María González


 
Disfrutar con estar disfrutando de...

Qué buen día hizo el sábado! Con sol y aire fresco. Ya empieza a haber flores y ya podemos empezar a sentarnos en las terrazas. Así, hablar de muchos temas de sentido común y del futuro a corto, medio y largo plazo; y disfrutar de los paisajes de la primavera de Granada…
Esos paisajes que te enamoran, que me enamoran tanto como la persona que tengo al lado. Desde la terraza observamos los almendros, pioneros en florecer, entre mil risas y conversaciones cruzadas. De repente sus ojos canela se encuentran con los míos y surge una pregunta: ¿Quién eres? Y, por suerte o por desgracia, resulta que es alguien de tu clase y que… ¡¡has tardado nada menos que seis añazos en conocerle!! Es triste, ¿verdad? Entonces comienzas esas reflexiones existenciales que te suelen rondar en tu sexto año de carrera, como… ¡¿qué he hecho yo en seis años?! Pero de repente miras al cielo y a los árboles del patio y decides seguir con la conversación, pasar un buen rato y ¡disfrutar de la primavera!
Seguir así disfrutando del poco tiempo de carrera que te queda. Volver disfrutar con esas prácticas clínicas que tanto esperabas en los primeros años, volver a quedarte a comer en la cafetería, charlar con los compañeros que menos hablas, seguir en definitiva teniendo esa esperanza y alegría que tenías el primer año de carrera cuando cruzaste por primera vez esas columnas que te dieron la bienvenida al mundo de la Medicina. Ese mundo que tanto te gusta, que tanto bien hace en nuestro planeta.
Casi sin darnos cuenta, Medicina ya forma parte de nosotros, nosotros ya formamos parte de Medicina.
Pero de repente me acordé de esa frase que leí por allí: no sólo de Ciencia vive el hombre... Me pregunto qué más cosas hacen los médicos en su tiempo libre, a qué lo dedicamos los futuros médicos cuando salimos de las clases, las prácticas, los exámenes… ¿Qué solemos hacer? ¿Qué sabemos hacer?… ¿Realmente son ellos felices, aparte de ejercer la profesión médica? ¿Realmente estamos disfrutando nosotros de nuestra vida universitaria, de nuestros mejores años y etapas de la vida?...
…No sé, me he perdido… ¿Qué es disfrutar? ¿Hacer cosas que nos agradan; sentirse uno bien física y sobre todo, psíquicamente? ¿Pasárselo uno bien, estar tranquila y dedicarse a lo que le gusta?... No sé, me he perdido… Disfrutar es, quizás: ¡¿pasar el tiempo y hacer cosas guiado siempre por tu corazón, pero mandado por la razón?!...No sé, me he perdido, me he perdido... Me he perdido disfrutando de ese sábado no tan lejano, pero ya perdido… Me he perdido…

Maripaz Guerrero - Rachid Jebbar - Kawthar Kassimi - Huaxing Liu - María del Rosario Martos - María José Noguera - Miguel Roldán

 
 
 
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